martes, 3 de junio de 2014

La barba metafísica de Felisberto Hernández

El día de hoy voy a hablar de un personaje que en lo particular admiro con todo el corazón, aquél que me ha permitido conocer más acerca de la memoria y los recuerdos. Estas palabras son simplemente una pequeña investigación acerca de la vida del autor, la cual le permitió desarrollar semejante imaginación y amor hacia las letras... a cincuenta años de su muerte, gracias Felisberto.

LA BARBA METAFÍSICA 

¿No os ha ocurrido a veces que una persona con el nombre que tiene da la sensación de que no puede valer y después resulta ser un gran hombre?
Felisberto Hernández

Para muchos desconocido, Felisberto Hernández escribió un puñado de cuentos y un par de novelas que estuvieron en el olvido hasta que diversos lectores sensibles; fueran académicos, escritores o estudiantes lo empezaron a descubrir o más bien redescubrir. Autor de un estilo único, no pertenece a ninguna escuela ni a ninguna corriente literaria.

Escribía con una extraña sensibilidad infantil, pero con temas para adultos. En la escritura de Felisberto las cosas parecen animarse: que el ropero y los cajones se nos van a venir encima o que el excusado se va a cerrar para no ser utilizado, y los seres vivos nos convertimos en esos seres inanimados, lo mismo sucede con las emociones, se convierten en objetos.

Escritor que nos permite adentrarnos a nuevos parámetros de la literatura en dónde se mezcla la memoria, el objeto y la fantasía.

DIARIO DEL SINVERGÜENZA
Hijo mayor del matrimonio Hernández-Silva, Felisberto viene al mundo en Montevideo, Uruguay, el 20 de octubre de 1902, en una casa construida en el barrio de Atahualpa. Desde su nacimiento el neonato sufre un equívoco de la identidad, cuando erróneamente es registrado con el nombre de Feliciano Félix Verti.
En 1910 inicia sus estudios en un colegio católico situado en las proximidades de su casa, pero es a los nueve años cuando Felisberto empieza a tomar clases de piano bajo el mandato de la profesora francesa Celina Moulié[1]. Podemos ver que desde pequeño sus profesores ejercían una gran influencia en él, otro caso es José Pedro Bellán (maestro en la Escuela Artigas de Enseñanza Primaria) el cual permitió que Felisberto se acercara con mayor ahínco a la literatura.  

Junto con su hermano integra la asociación juvenil: “Vanguardia de la Patria”, la cual le permite viajar a través de Uruguay y de otros países cercanos.

1915 es un año crucial en la vida de Felisberto Hernández, ya que entra a su vida un personaje primordial: el francés Clemente Colling[2] profesor de piano, quien le enseñara al muchacho composición y armonía, además de otras materias más durables y de más difícil catalogación. Como corresponde a su prolongado apego discipular, el joven pianista descubre en Colling esos detalles que distinguen a un practicante de un maestro: el matiz valioso, ejemplar, que aporta personalidad, fuerza y colorido a cada interpretación. Debido a la dificultad económica de su familia, Felisberto se emplea como pianista en varias salas de cine, en dónde musicaliza películas mudas (hecho, que para el período y sobre todo para un músico era lastimoso), es en esta época en donde emplea en la práctica del piano hasta catorce horas diarias, lo cual ya define su modo de vida. Debido a que empieza a dar clases privadas de piano en 1918 de manera improvisada convierte una habitación de la casa familiar en el “Conservatorio Hernández”.[3]

Debido a que la búsqueda musical se convierte en una gran obsesión, Felisberto se da un tiempo para descasar, es cuando viaja hasta Maldonado, para pasar un tiempo en la casa de su tía abuela Deolinda. Estas vacaciones son las que le dan la oportunidad de conocer a dos personas decisivas en su futuro. Así, tiene un primer contacto con Venus González Olaza, quien será su futuro editor y empresario; y también se acerca a María Isabel Guerra, una maestra de cuyo encanto se enamora. Por desgracia, la familia Guerra no confía en la personalidad de Felisberto, y ese recelo enfatiza aún más el romance entre el pianista y su amada. Para disimular su mutuo apego, los novios se reúnen cada semana con la disculpa de unas clases de piano que María Isabel debe recibir. Bajo esta apariencia, va creciendo un vínculo sentimental que la pareja formalizará en 1925, el mismo año en donde empieza a tomar clases de piano con Guillermo Kolischer.

Cuando Felisberto empieza a dar recitales es cuando su carrera cobra un nuevo impulso, además de que en su repertorio ya se incluyen piezas realizadas por el joven concertista. En el terreno literario, cabe destacar la edición de Fulano de tal, costeada por un amigo del autor, José Rodríguez Riet.[4] El volumen es un conjunto de escritos dispersos, y su formato llamativamente pequeño es de ocho por once centímetros.

En 1926 la orquesta del café “La Giralda”, en Montevideo, ampara entre sus músicos a Felisberto. Después de un periodo breve en la orquesta, su padre le consigue un nuevo empleo, esta vez como pianista y director de una orquesta en el café-concierto de Mercedes. Es precisamente aquí en donde Felisberto encuentra a Venus González Olaza[5], quien fungirá como su secretario y administrador.

En 1927 da su primer concierto en el escenario del Teatro Albéniz, por esas mismas fechas estrena dos de sus primeras composiciones.[6] Al año siguiente en Montevideo, en la Casa del Arte, Felisberto realiza su segundo recital pianístico, debido a una excelente ejecución se gana los elogios de la crítica local y se le presagia un porvenir con mucho éxito.

Llega el año de 1929 y es aquí cuando su amigo Carlos Rocha recurre a la imprenta “La Palabra”, en dónde se publica el Libro sin tapas[7], este material no tuvo la recepción que Felisberto buscaba, pero entre los intelectuales como: José Pedro Bellán, Leandro Castellanos Balparda, Manuel de Castro y el matrimonio formado por Esther y Alfredo Cáceres fue recogido con gran éxito. Al año siguiente se publica su tercer libro: La cara de Ana.

La separación de Felisberto y de su esposa es definitiva en 1931. No obstante, dedica a María Isabel Guerra la primera edición de La envenenada, su cuarto libro. Como había sucedido con anteriores títulos, este nuevo material no alcanza el resultado literario más allá del amable círculo que viene festejando los talentos del escritor. Debido a esto se dedica de lleno a las actividades musicales, en compañía del poeta Yamandú Rodríguez,  que actúa como recitador, viajan por todo Uruguay, sur de Brasil, litoral argentino y provincia de Buenos Aires hasta 1934.[8]

Ya que se completó el trámite de su divorcio, Felisberto empieza a relacionarse con la pintora Amalia Nieto, de quien se enamora durante un homenaje que le dedican en el Ateneo Montevideano. En 1937 se casa con Amalia Nieto, debido a que las ganancias de Felisberto no se producen regularmente, el apoyo de la familia Nieto armoniza su situación familiar.

En 1939 prepara una gira de conciertos en Buenos Aires en cuyo programa figuran obras de Igor Stravinsky, los críticos que escuchan su ejecución elogian las cualidades musicales del pianista. Al año siguiente inaugura con su esposa la librería “El Burrito Blanco”[9], y del mismo modo comienza la redacción de Por los tiempos de Clemente Colling.

NO DEBO TENER ESO QUE LLAMAN MEMORIA
En 1940 debido a la precaria situación económica a la que se enfrenta, Felisberto Hernández se ve en la necesidad de vender su piano, hecho que provoca el abandono de su carrera musical y se mete de lleno a la literatura. La editorial González Panizza publica en este mismo año la obra Por los tiempos de Clemente Colling, gracias al apoyo económico de varios amigos del autor. Esta obra tuvo una buena acogida para la carrera literaria de Felisberto.

Apoyado por amigos, Felisberto se puede dedicar enteramente a la literatura. En 1943 edita El caballo perdido y obtiene un premio literario del Ministerio de Instrucción Pública[10], a partir de este año y hasta 1956 trabajaría en el departamento de Control de Radio de la Asociación Uruguaya de Autores.
Corre el año de 1946 y el gobierno francés le otorga una beca de estudios, la cual le permite viajar a París. Mientras en Buenos Aires aparece la edición de Nadie encendía las lámparas, su autor prolonga una aventura francesa llena de acontecimientos favorables. Debido a la gran amistad que tenía con Jules Supervielle, éste conduce a Felisberto a la Sorbona en donde leerá uno de sus relatos.

Por tercera vez contrae matrimonio en Montevideo con María Luisa Las Heras[11]. En la revista Escritura se publica “Las Hortensias” con ilustraciones de Olimpia Torres. Debido a que no se entendían, la pareja se divorcia en 1950.

En 1954 inicia un nuevo romance con Reina Reyes, una profesora de pedagogía y escritora y el cual terminaría en 1958. A lo largo de esos años, el afecto de Reina será decisivo para que él recupere la pasión por la literatura. Además de apoyarlo, ella va a logra que lo admitan como taquígrafo en la Imprenta Nacional. Asimismo, gestiona para Felisberto un permiso en el Ateneo Montevideano, de forma que tenga acceso al piano de dicha institución. La Licorne publica “Explicación falsa de mis cuentos” (1955). Mientras tanto elabora el manuscrito de Diario del sinvergüenza, que será publicado póstumamente.

Concluye su relación con Reina Reyes en 1958, meses después se enamora de María Dolores Roselló, y vuelve a trabajar como pianista, contratado por J. Estruch.

Para 1963 hacen su aparición los primeros síntomas de una enfermedad que él atribuye a la obesidad, a fines de ese año, se le diagnostica una leucemia en fase terminal. Felisberto Hernández muere durante la madrugada del 13 de enero de 1964. Su cuerpo maltrecho e hinchado por la enfermedad es tan grueso que hace difícil su manejo, inclusive es necesario pasarlo por la ventana, debido a que no cabía por la puerta. La última desdicha de Felisberto es después de su muerte ya que los empleados del cementerio se ven forzados en dejar su cuerpo en la tierra para cavar una tumba más ancha, la cual ha de acogerlo en su último reposo.

ESTOY INVENTANDO ALGO QUE TODAVÍA NO SÉ LO QUE ES…
Podría decir que la vida de Felisberto Hernández es un guión cinematográfico, el cual retrata todas sus peripecias tanto en el ámbito literario, musical y personal.  Así pasa con su escritura, va marcando el ritmo –como lo hacía con las películas mudas- y nos va mostrando lo que sabe y quiere que veamos, el uruguayo tiene la facultad de poner en realce lugares o momentos que de otra manera carecerían de él, de descubrir en lo insignificante lo extraordinario.

Al leer la obra de Felisberto, te inunda una emoción casi infantil, esa que provoca absorber con locura las letras. Mientras tanto, en cada uno de sus relatos, el autor nos permite mirar con sus ojos y con esa sensibilidad de niño, para observar esa otra realidad. La gran cualidad de vivificar las cosas es única en F. Hernández, siempre funge como espectador, los objetos cotidianos cobran vida en la retina onírica de los personajes de Hernández.

En su discurso literario asume sin saberlo el riesgo de perderse. Las historias se presentan a través de personajes de contornos desdibujados, pero con los que el lector se familiariza quizá por lo nítido de sólo un detalle. Y eso es más que suficiente. Organiza una cadena de trazos espontáneos, de una espontaneidad bien lograda. Felisberto busca el misterio de las cosas, y lo hace, como si estuviera tocando una melodía en su piano.

Felisberto nos muestra situaciones autobiográficas, recuerdos que plasma en forma de cuento, experiencias a las cuales les agrega un toque fantástico que entra en lo cotidiano. Pero su estilo es tan único que sería imposible catalogarlo dentro de lo fantástico,  la autora Graciela Monges nos dice que la fantasía del autor –y de otros escritores latinoamericanos- no cumple con los parámetros enunciados por Todorov[12]. La fantasía contemporánea no está creada con base en un solo acontecimiento o tema “fantástico”; en la fantasía contemporánea se da una especie de unión entre el mundo exterior y el interior. Para que ésta surja, debe haber un movimiento constante y dinámico entre el asunto y la intensión que le dé el lector.

Por ellos en los textos de Hernández los objetos se convierten en entes personalizados, presencias enigmáticas que dotados de expresividad pueden entablar las mistas relaciones que las personas. A los objetos se le da un significado y se convierten en órganos oníricos en donde la univocidad se abre a la polisemia.[13] Por lo tanto cuando el lector observa, y analiza el mundo de los protagonistas, tanto objetos como personas, descubre el significado implícito, que remite a ese mundo de los sueños a través de los símbolos y el lenguaje.
Felisberto es de esos autores que pueden ser leídos por cualquiera y en cualquier momento –viajando en el tren, tirado sobre el pasto, en una banca del parte o en un café a las cinco de la tarde-. Recuerdo que al leer los cuentos de Hernández me llené de sorpresa por esa erotización que ejerce sobre el objeto; por supuesto me remitió a otros autores como Julio Cortázar, Juan Carlos Onetti y Gabriel García Márquez. La influencia que ejerció sobre estos, permitió que obras tan importantes como Casa Tomada, o el mundo maravilloso de Cien Años de Soledad pudieran existir.
Su obra fue elogiada por autores como Jean Paulhan, Victoria Ocampo, Amado Alonso, José Bergamín, Guillermo de Torre, Ramón Gómez de la Serna, o Juan Carlos Onetti, y llevada al italiano y al francés por Italo Calvino y Julio Cortázar. Pero el hecho de citar estos nombres en contraportadas, artículos o monográficos, no responde a una necesidad de respaldo. Todo lo contrario. Cortázar le escribe una carta a Felisberto, la cual él jamás leería: Tus relatos que al fin y al cabo son cartas a un pasado o a un futuro en el que poco a poco van apareciendo los destinatarios que tanto le faltaron en vida.[14]

Felisberto Hernández no es un autor que necesite estar de moda, su literatura simplemente existe y llega en el momento adecuado. En vida –como muchos artistas- no tuvo el reconocimiento que habría merecido, pero a cincuenta años de su muerte podemos decir que es uno de los autores latinoamericanos más importante de todos los tiempos. Inclusive Carlos Fuentes lo situaba, junto con Juan Carlos Onetti y Horacio Quiroga, como uno de los iniciadores de la nueva literatura latinoamericana. Él solía decir que sólo se le reconocería cincuenta años después de su muerte. Esa fecha ha llegado. Por eso, me permití dedicarle estas letras. Para cumplir con su palabra.


BIBLIOGRAFÍA:
·         HERNÁNDEZ, Felisberto. Obras completas, volumen 1. México, 1983, Siglo Veintiuno, págs. 297
·         HERNÁNDEZ, Felisberto. Obras completas, volumen 2. México, 1983, Siglo Veintiuno, págs. 297
·         HERNÁNDEZ, Felisberto. Obras completas, volumen 3. México, 1983, Siglo Veintiuno, págs. 297
·         MONGES NICOLAU, Graciela. La fantasía en Felisberto Hernández a la luz de la poética de Gastón Bachelard. México, 1994, UNAM, págs. 206
·         SICARD, Alain. Felisberto Hernández ante la crítica actual. Caracas, 1977, Monte Ávila, págs. 431.
·         Sitio oficial sobre Felisberto Hernández: http://www.felisberto.org.uy/index.htm


[1] Quién después fuera retratada en su obra El caballo perdido.
[2] Inmortalizado en las páginas de En los tiempos de Clemente Colling.
[3] Monges Nicolau, Graciela. La fantasía en Felisberto Hernández a la luz de la poética de Gastón Bachelar, México, 1994, UNAM, pp. 27.
[4] Sicard, Alain. Felisberto Hernández ante la crítica actual. Caracas, 1977, Monte Ávila, pp. 64.
[5] A él le dedicará, tiempo después, el relato La barba metafísica.
[6] Monges Nicolau, Graciela. La fantasía en…, pp. 28.
[7] Sicard, Alain. Felisberto Hernández…, pp. 65.
[8] Monges Nicolau, Graciela. La fantasía en…, pp. 28.
[9] Ibíd.
[10] Ibíd.
[11] Militante comunista española, quien destacó por ser una espía de la KGB, se le encomendó seducir a Felisberto debido a su espíritu anticomunista.
[12] Monges Nicolau, Graciela. La fantasía en …, pp. 184.
[13] Ibídem, pp. 189.
[14] Cortázar, Julio. Carta en Mano Propia [En línea]  [18 de mayo de 2014]. Disponible en la Web:  http://www.felisberto.org.uy/cortaz_carta_en_mano.html

martes, 22 de abril de 2014

EL DÍA QUE ME MUERA

El día que me muera quiero lucir bonita, que mi rostro sea recordado con una leve sonrisa marcada en los labios.

Quiero que me recojan el cabello en un bonito chongo, con el partido de lado y bien embarrado de gel para que no se levante un solo mechón; pero sobre todo, que recojan los pequeños cabellos que están junto a las orejas, esos que te hacen parecer desaliñada y descuidada.

El maquillaje tiene que ser IMPECABLE, francamente no quiero que mis amigas o familiares me maquillen (me considero la mejor en ese sentido), así que requiero el apoyo de un profesional que sepa lo que hace; quiero algo de revista y que luzca completamente natural, pero que marque los rasgos más bonitos de mi rostro. Mis ojos deben de ir ahumados (para la ocasión) con unas negras y largas pestañas, mis cejas pintadas de café, en mis pómulos no puede faltar su característico rosa (que en este caso será artificial) y un poco de blush para marcar mis mejillas; mis labios deberán ser rosa nacarado para no restarles importancia y no verme tan decaída.

Quiero que me pongan mis aretes de perlas rosas y en el cuello un bonito dije que refiera mi gusto por la música. La gente que me conoce sabe que soy muy friolenta así que encima de una bonita blusa no se les olvide vestirme con un suéter que haga juego.

Siempre me han gustado mis piernas así que una falda será la mejor opción. Por favor olviden los tacones, me cansan demasiado, unos zapatos bajos me ajustan muy bien.

Les pido que crucen mis manos debajo de mi pecho para que pueda lucir elegante hasta el último momento.

Por último…


Cuando me muera, quiero que cierren el ataúd y nadie me vea. 

viernes, 28 de febrero de 2014

CANDY STORE ROCK

A lo largo de los años, la música ha sido uno de los medios por el cual las personas se han permitido el gusto de expresar su sentir, no sólo emocional, sino también, político, religioso y social. En lo particular no podría imaginar la historia de la humanidad sin la influencia de la música, desde la antigüedad es considerada como un arte que ha ido evolucionando de la mano del ser humano, y es este el que le da un carácter sobresaliente y diferente.

El rock & roll aunque es parte de nuestra cotidianidad es un género musical que podría considerarse como “nuevo”, ya que surge a mediados del siglo XX (1955 para ser más específicos), se crea gracias a la comunión de otros estilos –country, mainstream pop y R&B- que se escuchaban en las radios de Norte América. Gracias a estos, la música no se encasilló, permitía que tanto los ritmos y las letras fueran muy fluidos, en resumidas cuentas se mezclaba un poco de todo el país: la música de los negros que trasmitía la improvisación, la emoción, el espíritu, incluso la fe; la música de los jóvenes blancos, el pop, lo comercial, que llamaba la atención y estaba de moda. La conjunción de este nuevo estilo musical generó muchos cambios, tanto sociales, culturales, incluso políticos; provocando así que la sociedad pusiera su ojos sobre él.

En la actualidad el rock, es un género más, que está inserto en nuestra cultura y considerado “de culto”, pero históricamente no siempre fue así, el rocanrol sufrió muchos cambios como restricciones para ser lo que es en la actualidad. Los gobiernos lo consideraban peligroso; los padres de familia lo veían como algo obsceno, que rompía con las buenas costumbres; pero lo más importante es que los jóvenes lo vieron como un medio de escape, el cual les permitía ser diferentes, romper barreras sociales y luchar por los cambios que ellos querían.

En sus orígenes, el estridentismo y la sensualidad de la música rock fueron suficientes para crear un efecto desestabilizador en la sociedad norteamericana de los años cincuenta.[1] No sólo en el país del norte fue un género que trascendió, sino en todo el mundo. Los jóvenes empezaban a pensar diferente, y lo querían hacer notar de alguna manera; no podríamos decir que el rock fue la fuente primordial del cambio en el pensamiento, más bien tiene que ser visto como el medio por el cual los jóvenes de una época lograron expresarse. Esta nueva generación era heredera de guerras y matanzas, cambios políticos, movimientos sociales, etc. lo que buscaban era mayor libertad de pensamiento, acabar con la mano dura de los gobiernos y ser totalmente opuestos a sus padres.

En un principio el rocanrol expresó la visión del mundo de los adolescentes, los teeny-boppers, los de secundaria o high school gabacho, los más chavitos. Sin embargo, a principios de los sesenta, vía Bob Dylan, se asimiló la música folclórica y los temas de denuncia social, "de protesta", como se les decía; un poco más adelante el rocanrol se quedó simplemente en "rock" y expresó ideas sumamente complejas y una visión contracultural del mundo.[2]

Gracias a la cercanía de México con el EUA la influencia fue mucho más rápida y de una manera mucho más directa. Los jóvenes mexicanos adoptaron al rock como propio y con esto la moda, el modo de pensar, en general el espíritu contestatario, fue un shock mucho más fuerte a los padres, ya que llegó básicamente a la clase media mexicana y católica, la cual estaba acostumbrada a ciertas costumbres: el estudiar, casarse, formar una familia y trabajar; pero esto era todo lo contrario –las mujeres se querían liberar de este estereotipo de mujer resignada y se vino el boom sexual- se les denominó “los rebeldes sin causa” a aquellos jóvenes que eran tachados de improductivos.

Un término que está ligado de manera directa al rock es el de contracultura, el cuál surge en los años sesenta, gracias a un historiador llamado Theodore Roszak. El estaba interesado en estudiar a los jóvenes hippies norteamericanos, que tenían ciertas características en particular: el pacifismo anti-Vietnam, una primera conciencia ecológica, los intentos de experimentar la realidad de otra forma, etc. Musicalmente, la contracultura se vinculó a los géneros del rock progresivo y psicodélico. La preferencia de los hippies por el rock psicodélico estaba en consonancia con los demás principios de la subcultura, en especial la orientación “relajada” de consumo de drogas. La juventud “radical” de la contracultura, en su mayor parte estudiantes, formó parte del movimiento estadounidense en pro de los derechos civiles, con la utilización de canciones folk políticas y espirituales, y apoyó la campaña para el desarme nuclear de Gran Bretaña, con el jazz tradicional en las marchas a finales de los 50’s. Todas esas músicas pronto serían objeto de mercantilización, ya que la sinceridad se convirtió muy vendible a mediados de los 60’s. La contracultura persistió hasta más allá de los años 80’s, aunque se puede decir que más bien en tér­minos de internalización de sus valores en la vida privada de la generación de los baby boomers. Lo underground es evidente en varias escenas alter­nativas y subculturas.[3] En México el término también es aplicable, ya que va más allá de los hippies, forma parte de todo lo que va en contra de la cultura hegemónica, lo que está impuesto y que es parte de la cultura dominante, lo que en este país podríamos ver como el sistema.

En todo el país el rock, generó nuevos grupos –sobre todo en la frontera norte- los cuales creaban canciones con la intensión de entretener o hacer algún llamado a la sociedad. Una ciudad que fue parte del movimiento del rock, fue Toluca, gracias a la cercanía con la capital y la influencia de extranjeros, quienes traían nuevas propuestas musicales tanto de EUA como de Europa. La ciudad no se distinguió por la creación musical, pero si por una gran apertura a recibir la música, todo esto en cafés-bares que servían de lugar social, para la interacción de los jóvenes, no sólo con la música sino también con otras artes como la literatura (autores de “la onda”) y la pintura.





[1] MARTINEZ HERNANDEZ, Laura. Música y Cultura Alternativa, Hacia un perfil de la Cultura del Rock Mexicano de Fines del Siglo XX. México, 2013, Lupus Inquisitor, p. 13
[2] AGUSTÍN, José. La Contracultura en México. La historia y el significado de los rebeldes sin causa, los jipitecas, los punks y las bandas. México, 1996, Grijalbo, p.33
[3] SHUKER, Roy. Diccionario del rock y la música popular. 2005, p. 82 -83.

jueves, 6 de febrero de 2014

IMPÚDICO RECUERDO

¿Alguna vez te ha sucedido? Que alguien te encanta, consideras que es la persona exacta para ti, que la química entre ustedes es infinita, que ni siquiera tienes que ponerte a pensar de qué vas a hablar con esa persona, que te derrite cuando sonríe y esas miradas que se dirigen de coquetería son lo mejor, pero resulta que esa persona tiene pareja. Si nunca has sufrido de semejante decepción te platico que yo lo estoy viviendo, y sinceramente es lo más patético que me ha sucedido en años.

Cómo quisieras simplemente haber conocido a esa persona mucho antes, que el maldito destino te hubiera puesto a esa persona –que tu consideras- perfecta en tu camino mucho antes de la persona con la que está (cabe resaltar que las parejas no tiene la culpa, así que no las odiemos por favor).

Esto me hace pensar en un cuento de Macedonio Fernández, llamado “Cirugía psíquica de extirpación¨ en dónde el personaje principal es Cósimo Schmitz, sinceramente no te pienso contar la historia ya que el cuento es simplemente magnifico y no quiero robarte la extraordinaria experiencia de leerlo. Pero en un fragmento se habla de cómo un doctor descubre la sorprendente forma de borrar tus recuerdos y añadir otros, los cuales tú eliges. Y me vas a decir, ¿qué tiene de novedoso este cuento si existen películas como “Inception” y “Eternal Sunshine of the Spotless Mind”?, pues te comparto que este fue publicado en los años 20s en Argentina y que fue totalmente novedoso. 

Pero mi punto no es este, sino la maravillosa idea de borrar tu memoria y construir una totalmente nueva, sinceramente creo que la mente es algo bien complejo que juega incluso con nuestros sentimientos y lo que hemos vivido. Como historiadora soy consciente de que todos percibimos un acontecimiento de manera diferente, pero, ¿realmente la memoria lo guarda tal y como lo vivimos? O simplemente al ser recordado o platicado a alguien ajeno lo vas modificando (en ocasiones a tu beneficio) y de manera inconsciente este nuevo recuerdo se va impregnando a tu memoria generando una nueva visión de lo ya vivido.

Retomo el ejemplo del principio, qué tal si este hombre que describo como perfecto en donde existe una química maravillosa, realmente no lo es, y en donde una relación meramente laboral y cordial se convierte en un recuerdo platónico y amoroso; el cual siempre va a vivir en nuestra memoria, y aunque no sucedió, somos aquel doctor maravilloso que descubrió la forma de borrar nuestros recuerdos e insertar uno que nos deje satisfechos.  

Les dejo el link para que lean el cuento de Macedonio: http://uninstantedecaos.blogspot.mx/2011/02/cirugia-psiquica-de-extirpacion.html


Favor de contestar con pluma negra.

Y pues bueno, después de dos años de haber creado este blog, es la primera entrada que hago. ¿Por qué hasta ahora? Pues la respuesta es simple, por miedo, miedo de no ser leída, de no ser lo suficientemente buena, de que las personas se enteren de lo único que soy completamente dueña: de mis pensamientos.

Dejar el miedo no es fácil pero si necesario, no puedo vivir toda la vida con un sentimiento que no me traerá nada diferente ni novedoso. Puede ser también el incesante espíritu de perfección unido a mis estudios en humanidades, me limiten un poco y no me considere experta en algún tema en específico.

De lo que estoy segura, es que en este blog encontrarás demasiadas letras, música, libros, preguntas, imaginación y sentimientos.


Con ________ (agrégale el sentimiento que gustes) Sara.